sábado, 23 de julio de 2016

¿Quién liderará la UE post-Brexit? El retorno de la política a Bruselas

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¿Quién liderará la UE post-Brexit? El retorno de la política a Bruselas


Éste debía ser el momento de una nueva politización de la esfera europea. El día que Donald Tusk tomó posesión como presidente del Consejo de la Unión Europea, el ex primer ministro polaco anunció, nervioso y titubeante, que había llegado el momento de recuperar la iniciativa, de tener agenda propia y una fuerte resolución. “No sólo los euroescépticos cuestionan los valores europeos. Tenemos enemigos. Pero, queridos amigos, la política ha vuelto a Europa”, decía un Tusk que se sabía escrutado sobre sus habilidades diplomáticas y lingüísticas para el cargo. Era diciembre de 2014 y, al otro lado de la rue de la Loi, el más veterano de los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión, Jean-Claude Juncker, ocupaba ya la presidencia de la Comisión Europea. De la “Comisión más política de la historia”, según sus propias palabras.


Sin embargo, este último año y medio, la política en todas sus expresiones – consulta ciudadana, debate ideológico, confrontación de ideas e intereses, estrategias de repliegue nacional o reñidas elecciones parlamentarias- no ha hecho sino desafiar el proyecto europeo y debilitar, aún más, el poder de las instituciones comunitarias. A la brecha Norte-Sur abierta por la crisis económica y financiera, se sumó el año pasado una profunda división Este-Oeste entre los estados partidarios de aplicar el plan de traslado de 120.000 refugiados propuesto por la Comisión Europea -y apoyado por Alemania y Francia, que ganaron por mayoría cualificada la votación necesaria en el Consejo- y aquellos como Rumanía, Eslovaquia, Hungría o la República Checa, que se opusieron visceralmente a la propuesta. El desencuentro, cada vez más profundo, entre estados miembros complica el erosionado escenario de recelos con centro neurálgico en Bruselas. Erosión de la confianza ciudadana en el proyecto europeo, erosión en las relaciones entre las capitales de la UE y las instituciones comunitarias y, finalmente, quiebra de la solidaridad y cooperación entre socios europeos.


En los últimos doce meses, el Reino Unido, Grecia, los Países Bajos o Dinamarca han sometido a referéndum algún acuerdo o negociación con la Unión Europea y, en todos ellos, la opción de Bruselas ha salido derrotada -del tercer rescate griego, a la negativa danesa de aumentar su implicación en las políticas de cooperación policial y judicial comunitarias, hasta el rechazo holandés al acuerdo de asociación con Ucrania-. El primer ministro húngaro, Víktor Orbán desafiará (y derrotará) también, el próximo 2 de octubre, la propuesta de cuotas de la Comisión Europea para realojar en su país unos pocos miles de refugiados que piden asilo en la UE. En este último año, Polonia -el supuesto milagro de la Europa sin crisis que gobernó Donald Tusk- ha votado por el retorno al poder del ultraconservadurismo y el euroescepticismo del partido Ley y Justicia. Pero es la victoria del Brexit en las urnas el origen del cisma más grave en los casi sesenta años de historia de la Unión. Por primera vez se demuestra que la pertenencia a la UE no es un proceso irreversible, ni la profundización en la integración europea el único objetivo posible. El método Monnet de la integración burocrática, como lo denomina Daniel Innerarity, ha saltado por los aires y, con él, los equilibrios de poder que regían los designios de la Unión. Las fuerzas euroescépticas de la UE se sienten hoy reforzadas y nuevos referéndums por contagio amenazan de seguir dominando la agenda política. La superposición de crisis -eurozona, seguridad y terrorismo, y crisis migratoria- que había atrapado a una Unión Europea incapaz de cerrar fracturas internas ha entrado ahora en una nueva dimensión.


La política europea ha vivido, en los últimos tiempos, atrapada en una superposición de agendas particulares, intereses nacionales y presiones de sondeos públicos de corto plazo. No sólo los estados miembros, también las instituciones comunitarias han exhibido estrategias y discursos contradictorios durante la crisis migratoria. La Comisión de Jean-Claude Juncker defendió con más empeño que posibilidades su plan de cuotas, mientras Donald Tusk, como presidente del Consejo de la UE, insistió en el discurso de sellar al máximo las fronteras externas de la Unión y se alineó con los estados más reticentes a la recepción de migrantes. Sin embargo, los dos han tenido que lidiar por igual con una UE polarizada en plena crisis humanitaria y alérgica al consenso. Ni los Veintiocho, ni las instituciones comunitarias fueron capaces, durante todo este tiempo, de ofrecer una única respuesta europea y el debate sobre la inmigración se convirtió en una de las claves de la campaña británica a favor del Leave.



Buscando culpables


Los británicos han fracturado un poco más la UE y, sin embargo, la primera respuesta, la más intuitiva, desde algunas capitales ha sido culpar a Bruselas. No sólo David Cameron, el perdedor de la maniobra política de convocar un referéndum para atajar los logros políticos del euroescéptico UKIP, culpó a Europa de su derrota, también desde algunas capitales, como Varsovia o Praga, se ha pedido ya la dimisión de Jean-Claude Juncker. El presidente de la Comisión concentró desde el primer momento buena parte del rechazo mediático y político por el portazo británico. Juncker y Tusk comparecieron conjuntamente, el 28 de junio, en la rueda de prensa posterior a la primera cumbre a veintisiete de la UE post-Brexit. “No permitiré que la prensa me aliente o desaliente, me incapacite o me eleve a lo más alto”, respondía Juncker a la pregunta de su dimisión. Tusk salió en su ayuda. “Es la última persona a quien podemos acusar de ser el responsable del resultado negativo en el referéndum del Reino Unido. No entiendo este tipo de especulación”, concluía el presidente del Consejo para zanjar la polémica.


Sin embargo, el malestar era previo a la campaña del Brexit. Juncker ya había recibido quejas por su estilo presidencialista, sus respuestas erráticas, su capacidad de trabajo y sus ausencias institucionales, por sus prioridades políticas, por su supuesta desatención a los pequeños socios de la Europa Central y Oriental, y su dudosa benevolencia a la hora de exigir disciplina fiscal a los grandes incumplidores del sur, especialmente Francia, España, Portugal e Italia. Una falta de neutralidad que Alemania quiere corregir “recuperando el justo equilibrio entre la función política [de la Comisión] y su papel como guardiana de los Tratados”, según lo expresó el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, a sus colegas en una reunión del ECOFIN celebrada en Bruselas a mediados de junio.


Juncker es un personaje incómodo. Lo es por su pasado político pero también por sus palabras. La carta de presentación del luxemburgués para el cargo incluía su voluntad y capacidad para enfrentarse a los estados miembros; su deseo de recuperar la iniciativa política que el Ejecutivo de Bruselas no debería haber cedido ante el poder hegemónico del Consejo. Juncker subió el tono de la Comisión contra los estados miembros, a quien acusa de estar destruyendo la Unión. El discurso pronunciado por el presidente de la Comisión, el 3 de marzo pasado en La Haya, resumía perfectamente su malestar. “Bruselas no son los 28 comisarios. Bruselas también son los 28 gobiernos y es imposible dictar la dirección de Europa en contra de la voluntad de los estados miembros”, protestaba ante una audiencia con varios antiguos ministros, comisarios y eurodiputados. Juncker, enfadado, arremetía contra sus críticos con nombres y apellidos. Contra el primer ministro italiano por levantar el tono contra el Ejecutivo comunitario, contra el Gobierno polaco por las reformas constitucionales que ha puesto en marcha y contra el ministro de Asuntos Exteriores de Finlandia por “decir a la Comisión que no se meta en si Polonia cumple o no con los valores fundamentales” de la Unión. Juncker defendía de nuevo su apuesta por una Comisión “política” para romper con la idea de unas instituciones que “demasiado a menudo tratan los problemas del continente desde un punto de vista burocrático y tecnocrático”. El análisis es compartido. El informe de los cinco presidentes, presentado a principios de 2015, sentenciaba que “a raíz de la crisis [financiera], Europa está cada vez más dividida, sumida en disputas internas, incomprensibles para los ciudadanos de a pie, y con una ausencia casi total de perspectiva”. El problema para Juncker es que su longevidad en la política europea le relaciona directamente con esta Europa burocrática que ha desdeñado a la ciudadanía.



Transiciones de poder


Los equilibrios de poder en Bruselas están viviendo, desde hace meses, su propia transición. Se está produciendo una nueva politización de las instituciones europeas. Juncker es mucho más político que su antecesor, Durão Barroso, y Donald Tusk tiene una agenda propia -más alineada con algunos estados miembros que con la Comisión-. Bajo la presidencia de Martin Schulz, el Parlamento Europeo ha ganado visibilidad. Los jefes de Estado y de Gobierno comparecen en la Eurocámara más a menudo que en el pasado y se someten a las intervenciones de les grupos políticos. Parlamento y Comisión actúan como auténticos aliados. “Juncker es el jefe de campaña para que Schulz continúe como presidente de la Eurocámara más allá de enero de 2017 y hasta el final de legislatura”, ironizaba, recientemente, un alto funcionario del Parlamento. La separación de poderes en Bruselas es hoy un poco más difusa.


Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, una gran coalición institucional e ideológica -construida sobre la entente Juncker-Schulz- desafía al largo período de intergubernamentalidad que ha monopolizado la iniciativa legislativa comunitaria. Una hegemonía cimentada sobre el discurso de la canciller Angela Merkel, en noviembre de 2010, en el colegio de Brujas anteponiendo el poder de los “señores de los Tratados” (los estados miembros) al “guardián de los Tratados” (la Comisión). Una visión de la Europa de los estados que relegó durante demasiado tiempo al Ejecutivo de Bruselas a ejercer de meros servicios técnicos de la voluntad de las capitales.


El malestar democrático es muy anterior a esta multiplicidad de crisis que atenazan hoy el futuro de la Unión. La fractura entre el proyecto comunitario y la ciudadanía europea se remonta prácticamente al No francés a la Constitución Europea de 2005. Allí se fraguó el nacimiento oficial del discurso eurocrítico, que tanto ha costado reconocer pero que, una década después, se ha hecho fuerte en la política comunitaria y nacional. Una parte importante de ese No reclamaba una Europa más social y, en cambio, la gestión y el lenguaje europeo durante la crisis económica que estalla en 2008 estuvieron más impregnados de austeridad que de solidaridad. La grieta se ampliaba a un ritmo que gobiernos y estructuras de partidos políticos tradicionales no han sabido leer. Aquella Francia de clases medias y zonas rurales que se sentía amenazada por la globalización -y que, según todas las encuestas, votó no a la Constitución Europea- es hoy todavía más numerosa y más vulnerable. Pero han sido las zonas postindustriales de un Reino Unido en pleno debate sobre la inmigración, y apartado del núcleo de poder comunitario que representa la eurozona, las que, finalmente, han clavado la estocada a una Unión en crisis constante. La UE ha llegado al punto de inflexión. Pero, ¿cómo se invierte la lógica que ha acabado identificando el proyecto europeo con el problema y no con la solución?



Escenarios posibles


Europa es hoy un continente herido. Pero cada vez urge más intentar superar el momento de esta Unión reactiva y sin respuestas. Lo primero que deberían plantearse los líderes europeos es si el resultado del referéndum británico ha sido un caso aislado que conviene poner en cuarentena para evitar el contagio a otros Estados miembros, o bien si la victoria del Brexit es el síntoma de un problema mucho más profundo que desafía los objetivos y los valores que sostenían todo el edificio comunitario. ¿Deben limitarse a tratar únicamente el desafío británico o deberían ir a la raíz del malestar expresado en las urnas, más allá del Reino Unido? De la respuesta a este dilema dependerá no sólo la posible resolución de la crisis sino el futuro del proyecto europeo. Al menos tres posibles escenarios podrían derivarse de esta gestión:



1. Contención de daños


La inercia política recomendaría evitar una salida traumática del Reino Unido, que ahora preocupa, incluso, a muchos de los que votaron por marcharse. El primer paso, casi intuitivo, de los líderes europeos -sobre todo si tenemos en cuenta la lentitud y la debilidad política con que gestionaron las crisis que aún tiene abiertas (desde el descalabro financiero a la llegada de refugiados de la guerra siria)- podría ser la contención de daños. Pero, este escenario casi lampedusiano de limitar al máximo las consecuencias del voto británico y recuperar el tradicional business as usual comunitario sólo puede llevar a una profundización de la parálisis política, a nuevas divisiones internas entre socios -como se lee entre las líneas de la estrategia inicial de una Angela Merkel que prioriza la estabilidad por encima del mensaje de firmeza que reclama François Hollande, asustado por el reforzamiento del Frente Nacional-, y a la continua erosión de la credibilidad interior y global del proyecto europeo. Berlín impone, una vez más, el pragmatismo y la contención. Su ministro de Finanzas, Wolfgang Schaüble, en el pasado defensor de la profundización en la integración, defiende ahora el retorno a la legitimación por resultados (output legitimacy). El curtido europeísta del Gobierno de Merkel apuesta por actuar en temas clave como la inmigración, el mercado único digital, la energía y seguridad y defensa, renunciando a las “visiones” y a los visionarios pero defendiendo que un grupo de estados miembros pueda avanzar con más rapidez si falta consenso entre los Veintisiete.


Pero Berlín sigue en pie de guerra contra la Comisión. Así que, en este escenario, la iniciativa intergubernamental debería prevalecer sobre la lenta burocracia de Bruselas, se limitaría la capacidad política de las instituciones comunitarias. Ello plantearía una más que probable reforma del poder del Parlamento Europeo, bajo presión de un número cada vez mayor de estados miembros por recuperar el rol de control democrático en favor de los parlamentos nacionales, en la línea de lo que ya defendió David Cameron en su discurso de principios de 2013 en Bloomberg para anunciar la futura convocatoria del referéndum.



2. Una Unión sin instituciones


El Brexit es la expresión de un malestar profundo de una parte de la ciudadanía alienada de lo que perciben como la Europa burocrática. Bruselas, entendida como la personificación de la política opaca y la tecnocracia. Las múltiples crisis que todavía sacuden la UE han ensanchado la distancia entre ciudadanía e instituciones comunitarias y la victoria del Leave en el referéndum británico amenaza con desencadenar otras réplicas en los estados más euroescépticos. No se puede descartar todavía que una negociación envenenada del Brexit pudiera acarrear también duras consecuencias no sólo para la integridad territorial del Reino Unido -con una nueva demanda de referéndum de independencia en Escocia o el retorno de la inestabilidad política en Irlanda del Norte- sino también el fin de la integración comunitaria. Supondría “el derrumbamiento de la confianza” entre Londres y la UE pero también en el interior del Reino Unido e, incluso, podría conllevar el final de la solidaridad entre los estados miembros de la Unión, resumía Tim Oliver, investigador la London School of Economics, en un seminario previo al referéndum organizado en CIDOB. La Unión Europea correría un serio riesgo de implosión.


“La respuesta no es más integración”, advertía el primer ministro holandés, Mark Rutte, después del golpe británico. El horizonte más incierto apunta hacia el fin de la Europa política y la renacionalización del control democrático de las decisiones. Una Unión incapaz de encontrar un camino consensuado a veintisiete podría terminar apostando por un gran espacio de cooperación europea. Se impondría la Europa del mercado único con una mínima cooperación intergubernamental. Este escenario redibujaría los actuales equilibrios de poder. La Eurocámara perdería su capacidad de codecisión, en la línea que ya defienden el Reino Unido, los Países Bajos u otros estados nórdicos partidarios de devolver parte del control democrático de las decisiones comunitarias a los parlamentos nacionales. Las instituciones de Bruselas -culpables, según la Europa euroescéptica, de la crisis de legitimidad que afecta a la UE- perderían su capacidad de iniciativa legislativa para convertirse en organismos eminentemente técnicos, encargados de la gestión de la cooperación.



3. Más Europa política


El tercer escenario supondría la aceleración de la integración política, institucionalizando la Europa a doble velocidad. La Unión debe abrir un período de reconstrucción. Ha llegado el momento de nuevas políticas y nuevos modelos de cooperación. Alemania, Francia e Italia escenificaron, en la primera reunión postreferéndum que mantuvieron en Berlín, un tímido primer paso en este sentido. Angela Merkel, François Hollande y Matteo Renzi acordaron un plan de tres puntos para relanzar la Unión: medidas para paliar la crisis de los refugiados, iniciativas en el campo de la seguridad interior y exterior para hacer frente al terrorismo, y gestos en favor del crecimiento económico y el empleo, especialmente entre los jóvenes. Pero, siguiendo los ritmos europeos, la concretización de estas propuestas no se debatirá hasta septiembre. Sin embargo, las instituciones comunitarias han empezado a presionar para intentar ganar terreno político si, finalmente, la UE decide que es inevitable una reforma a fondo del equilibrio institucional.


Una semana después del referéndum, Martin Schulz afirmaba que ha llegado el momento de transformar la Comisión Europea en un Gobierno genuino, elegido y controlado por un sistema bicameral compuesto por el Parlamento Europeo y una cámara de los estados. Se trata de una vieja propuesta que recorre los debates sobre posibles reformas de la Unión desde hace más de dos décadas. Este empoderamiento de la Comisión implicaría: la revisión de todo el sistema de gobernanza de la Unión Europea, el refuerzo del Parlamento Europeo en contra de la opinión cada vez más extendida de implicar a los parlamentos nacionales y, finalmente, el difícil relego de los estados miembros a una especie de Senado.


Según Jürgen Habermas, “la zona euro debería delimitar el tamaño natural del núcleo de la futura Europa. Si estos países tienen la voluntad política, entonces el principio básico de “cooperación más estrecha” prevista en los tratados permitiría dar los primeros pasos hacia una separación de tal núcleo – y, con ella, la largamente esperada formación de un contrapeso al Eurogrupo dentro del Parlamento Europeo”. La división de la Unión, en este caso, sería una realidad.


Pero no puede haber profundización política sin profundización democrática. Cualquier escenario de reforma y redistribución del poder comunitario debe contemplar, con urgencia, una mejora en el control de los procesos democráticos.



Recuperar a la ciudadanía


Europa sigue siendo un espacio de movilidad y libertad para la mayoría de europeos. En el último Eurobarómetro, publicado en mayo de 2015, un 49% de los encuestados identificaban mayoritariamente la Unión con la capacidad de viajar, estudiar o trabajar en cualquier país de la UE. El 58%, además, se mostraban en total desacuerdo con la afirmación de que su país “podrá enfrentarse mejor al futuro si está fuera de la UE” y, paradójicamente, ese sentimiento de mejor dentro que fuera arrasaba en países con potentes fuerzas populistas y euroescépticas como los Países Bajos (77%) o Dinamarca (70%). La emergencia de Alternativa para Alemania tampoco había hecho mella en el 70% de los alemanes que defendían la necesidad de la Unión. En el Reino Unido, sin embargo, el Eurobarómetro pronosticaba un empate a 43%.


El estado de opinión de la Unión Europea también reflejaba una lenta recuperación de la confianza en las instituciones comunitarias. Comisión Europea y Parlamento Europeo habían retornado a los índices de confianza positivos por primera vez desde otoño de 2011. Grecia, Chipre, España y el Reino Unido lideraban los países más escépticos sobre el papel tanto de la Eurocámara como del Ejecutivo de Bruselas. Y, sin embargo, la percepción de la UE resistía. La proporción de europeos que tenía una imagen positiva de la Unión había aumentado en seis puntos porcentuales en un año (desde la primavera de 2014) y once puntos en dos años (desde la primavera de 2013) y, según este último Eurobarómetro, alcanzó su nivel más alto desde la primavera de 2010. No obstante, un estudio publicado por el Pew Research Center el día después de la victoria del Brexit asegura que “el debate sobre el futuro de las instituciones [comunitarias] en otros estados miembros justo acaba de empezar”. Según esta encuesta, una mayoría de griegos (68%), holandeses (44%), alemanes (43%), italianos y franceses (39%) querrían el “retorno de algunos poderes comunitarios a sus gobiernos nacionales”. El resultado del referéndum británico también demuestra las dificultades del proyecto europeo para articular un mensaje en positivo de la adhesión a la Unión. Durante mucho tiempo, expertos en la esfera pública europea apuntaban a la “falta de identidad europea” (Europa siempre es el “otro”) y a “la falta de conflicto” (déficit de politización) como las principales causas del desapego ciudadano con la Unión Europea. ¿Cómo se podía aspirar a construir una democracia europea sin contar con una nación europea? La crisis económica ha cambiado, en buena medida, este paradigma. Por primera vez, los europeos -sobre todo aquellos que se sintieron directamente afectados por las políticas de austeridad- despertaron a una nueva percepción del poder real de la UE sobre sus vidas, adquirieron una nueva consciencia sobre cuál era la situación real de sus vecinos, ciudadanos de otros estados de la Unión, y un malestar transversal, que muchos analistas identifican hoy con los “perdedores de la globalización”, se instaló entre una parte importante de la ciudadanía europea.


Existen miedos comunes, compartidos, pero no ha habido respuestas europeas satisfactorias para paliarlos. Sin embargo, el Eurobarómetro demuestra que, a pesar de la concatenación de crisis y de la extensión de un populismo alimentado por gobiernos y partidos débiles, que han confundido el voto de la desafección con el termómetro de lo que realmente piensa la sociedad europea, a saber que la Unión Europea y sus instituciones todavía se perciben como necesarias. La respuesta al Brexit -y a la profunda crisis que atenaza la Unión- sólo puede ser europea. “¿Cómo podía el europeísmo ganarse a un sector amplio de la población si sus líderes políticos se comportaron durante décadas como si la despiadada persecución estratégica de los intereses nacionales fuera suficiente para mantenerse en el interior de una comunidad supranacional de estados?”, se preguntaba Habermas después del no británico.


La reforma de la Unión Europea necesitará de tres pilares: reforma política, reforma democrática y reforma social. El discurso de la nueva primera ministra británica, Theresa May, es, en este sentido, revelador. El take control que el Brexit utilizó como emblema de la recuperación de la soberanía política en una Europa transnacional, es reinterpretado por May como la recuperación del control ciudadano sobre sus propias vidas. La “justicia social” como respuesta a aquellos que se han sentido traicionados por la élite política, ya sea de Londres o de Bruselas. La democracia está dañada porque la cohesión social en Europa también lo está. No se puede recuperar la confianza en la política sin atacar las desigualdades que la crisis económica ha propiciado y las medidas de urgencia adoptadas desde Bruselas han alimentado. Si el populismo se ha convertido en la alternativa electoral al discurso oficial proeuropeo en algunos estados miembros es por la falta de voluntad política de gobiernos y grandes partidos tradicionales de plantearse abiertamente si ha llegado el momento de reescribir el camino que nos ha llevado hasta aquí.


Pensadores como Habermas o plataformas ciudadanas como democracy-international.org abogan por convocar una nueva convención europea, un nuevo proceso constituyente para recuperar el porqué de esta Unión y reescribir el cómo. Una idea que la canciller Merkel -alérgica a cualquier reforma que implique revisión de los tratados y un nuevo proceso de ratificación- ya rechazó en la cumbre informal post-Brexit del 29 de junio. Es cierto que la anterior experiencia de convención europea, previa a la Constitución Europea, fue un auténtico ejercicio “para ser vistos” (como lo llamaría el reportero Robert Fisk) pero de pobres resultados, incapaz de superar el debate de las élites ni de conseguir el apoyo ciudadano suficiente para garantizar la aprobación de un texto que debía ser refundacional y, en cambio, sumió a la UE en una profunda crisis existencial. La forma sobre cómo debería ser este necesario debate ciudadano y político aún está en discusión pero, para el codirector del progresista Policy Network, Roger Liddle, este new deal necesita, sobre todo, recuperar “la dimensión social de la Unión Europea”.


Hasta ahora, las capitales guardan silencio. La única apuesta en firme es la propuesta alemana de centrarse en aspectos concretos para mejorar el rendimiento (delivery) de la Unión. Es el momento de Bruselas. La única manera de superar la lógica de los intereses gubernamentales es recordar que, en los tratados, las instituciones comunitarias -y para ser más precisos, la Comisión Europea- tienen como misión proteger el bien común. La única manera de defender la necesidad de mantener la capacidad legislativa del Parlamento Europeo y del Ejecutivo de Bruselas es actuar como auténticos contrapoderes de unos estados miembros en repliegue. La politización de las instituciones europeas es necesaria. Aunque los líderes que en estos momentos las gobiernan, a pesar de haber pasado por unas elecciones a la Eurocámara, aún adolecen de una débil legitimación democrática y ello amenaza de desvirtuar cualquier debate sobre la mejora de los procesos de toma de decisiones.


La Unión Europea debe volver a discutir cuáles son los valores y principios del proyecto de integración política más importante en la historia de los modelos de gobernanza regionales y globales; cuál es la misión de unas instituciones que han acabado regulando hasta la saciedad los intereses del mercado y se han visto limitadas, en cambio, en su capacidad para decidir el rol de la Unión como actor global. ¿Cuál es hoy el bien común de veintisiete estados miembros con voluntades de integración política y económica distintas? Sólo desde Bruselas se puede liderar una reforma a fondo de la Unión, aun a riesgo de enconar todavía más su presente desencuentro con las capitales. De ello depende el futuro de la UE y su propia supervivencia institucional. Ha llegado el momento de la política. La política entendida como servicio y como conflicto. La politización como oportunidad.




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jueves, 21 de julio de 2016

Consejo de Seguridad inicia evaluación de candidatos a Secretario General de la ONU

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Consejo de Seguridad inicia evaluación de candidatos a Secretario General de la ONU


21 de julio, 2016 — Después de varias semanas de diálogos informales ante la Asamblea General y de un debate abierto televisado mundialmente, el Consejo de Seguridad de la ONU comenzó hoy la evaluación de las seis mujeres y seis hombres que aspiran a ocupar el cargo de Secretario General cuando Ban Ki-moon concluya su mandato el último día del año.


El conteo regresivo se inició con una reunión a puerta cerrada para realizar un primer “sondeo de opinión” en el que cada uno de los 15 miembros votaron de manera secreta boletas con tres opciones para cada pretendiente: alentar su candidatura, desalentarla o encogerse de hombros.


La víspera, el embajador de Japón, Koro Bessho, presidente en turno del Consejo, explicó que esta primera vuelta no incluye discusiones, sino una votación exclusivamente.


“Cuando se realice la votación, informaré al Presidente de la Asamblea General y a los países que han realizado las nominaciones les diremos cómo estuvo su candidato”, dijo.


A diferencia de la Asamblea General, que escuchó de manera pública las propuestas y visiones de los candidatos sobre el trabajo de la ONU, el diplomático japonés informó que el Consejo sostuvo un encuentro informal privado con cada uno de ellos, algo inédito en la historia de la Organización.


Antes de entrar a la votación en el Consejo, el embajador del Reino Unido, Matthew Rycroft, consideró que tomando en cuenta la existencia de 12 contendientes, si la candidatura de una persona era desalentada en esta primera ronda, ésta debía retirarse del proceso.


Al filo del mediodía el embajador de Japón informó al presidente de la Asamblea General, Mogens Lyketofft, que se había realizado el sondeo de opinión, sin ofrecer más detalles.


Posteriormente, Lyketofft envió una carta a todos los embajadores acreditados ante la ONU en la que afirmó que limitar la comunicación a decir solamente que la votación había tenido lugar no estaba a la altura de las nuevas expectativas de apertura y transparencia que tienen los Estados miembros sobre el proceso de elección del Secretario General.




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sábado, 16 de julio de 2016

Ocho golpistas turcos piden asilo político en Grecia

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Ocho golpistas turcos piden asilo político en Grecia


Un helicóptero turco con ocho personas a bordo —ocho militares, presumiblemente golpistas— ha aterrizado este mediodía en el aeropuerto de Alexandroupolis, ciudad griega situada cerca de la frontera terrestre con Turquía. Los evadidos han solicitado asilo político nada más pisar suelo griego, según la agencia de noticias oficial, aunque las autoridades han ordenado el arresto de la aeronave y de sus ocupantes por entrada ilegal en territorio griego. Aunque en un primer momento distintas fuentes hablaron de un civil en el grupo, la agencia oficial griega de noticias, Amna, confirmó que el pasaje del helicóptero estaba formado por tres comandantes, tres capitanes y dos sargentos.


La agencia oficial de noticias ha informado de que las autoridades militares griegas planean devolver inmediatamente el aparato a Turquía mientras se procede a estudiar las solicitudes de asilo político de los huidos, en conformidad con la legislación internacional pero teniendo en cuenta que se trata de presuntos golpistas. El titular turco de Exteriores, Mesut Cavusoglu, ha pedido a Atenas la extradición de estos.


La aeronave, un aparato Sikorsky BlackHawk perteneciente a la policía, envió a la torre de control del aeródromo griego, a las 11.45 hora local (una menos en la España peninsular), una señal de alarma por problemas en uno de sus motores y tomó tierra seis minutos después. Vehículos de la policía griega rodearon el aeropuerto y un par de F-16 comenzaron a sobrevolar la zona para garantizar la seguridad del espacio aéreo.


Según informan varios canales de televisión, los uniformados que viajaban a bordo del helicóptero arrancaron las insignias de sus trajes.


La petición de asilo político por los presuntos golpistas, y la subsiguiente solicitud turca de que sean devueltos, pone en un brete al primer ministro griego, Alexis Tsipras, cuyo Ministerio de Defensa está en manos del nacionalista Panos Kamenos. Atenas ha acusado a Turquía en los últimos meses de continuas violaciones de su espacio aéreo en la zona del Egeo, donde ambos países gestionan mal que bien la crisis de los refugiados, en una tensión que ha ido in crescendo desde la eclosión de la citada crisis, en agosto de 2015.


El Gobierno de Atenas, que al igual que los del resto de la UE, condenó anoche el golpe de Estado en curso en Turquía y se mostró dispuesto a colaborar con las autoridades legales de Ankara, declaró de madrugada que seguía los acontecimientos con “serenidad” y sin llegar a poner en ningún momento a sus fuerzas armadas en alerta, lo que sí hicieron las autoridades chipriotas (la isla fue invadida en 1974 por Turquía tras otro intento de golpe, frustrado, para lograr la reunificación con Grecia). De hecho, la frontera terrestre greco-turca, cerrada temporalmente durante las primeras horas de la intentona, fue reabierta de madrugada y el tránsito entre los dos países, incluido el paso de autobuses de línea regular, quedó normalizado. También la comunicación aérea entre Grecia y Turquía ha sufrido interrupciones al cancelar la compañía Aegean Airlines todos sus vuelos a Estambul.


Los tres pasos fronterizos entre Turquía y Bulgaria, cerrados unilateralmente por el lado turco durante unas horas, han sido igualmente reabiertos.




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viernes, 15 de julio de 2016

Peligra el Mercosur – Análisis del director de Nodal

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Peligra el Mercosur – Análisis del director de Nodal


La disputa entre la corriente progresista y la corriente liberal/conservadora en América Latina se está materializando en un hecho concreto: el traspaso de la presidencia pro tempore a Venezuela en el Mercosur.


Según lo establecido por las normativas del bloque la presidencia es rotativa cada seis meses y se traspasa por orden alfabético. Por lo tanto, después de Uruguay le toca a Venezuela.


Sin embargo, los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay están utilizando diversas excusas para evitar que Venezuela asuma ese rol, dejando a Uruguay en soledad con su firme postura de continuar con el traspaso.


El canciller del gobierno interino de Brasil, José Serra, sugirió la postergación del traspaso del mando por alguna vaga incompatibilidad que existiría vinculada a las negociaciones con la Unión Europea y porque -según él- al gobierno de Caracas le faltan credenciales democráticas en materia de derechos humanos.


En un artículo publicado por el diario O Globo el 10 de julio, un día antes de la reunión de los cancilleres del bloque en Montevideo, Serra reconoce que pidió la postergación del traspaso.


Allí afirmó que se debe a las denuncias de “prisiones arbitrarias, la creciente violencia en las calles y una gravísima crisis de desabastecimiento de alimentos y remedios”. En su artículo también cuestiona alguna “indefinición” en el proceso de incorporación de Venezuela al bloque en 2012 porque se dio cuando Paraguay estaba suspendida “con el pretexto de que la dimisión del entonces jefe de gobierno paraguayo, Fernando Lugo fuera antidemocrática, aunque se realizó siguiendo normas constitucionales” negando que un golpe de Estado parlamentario derrocó a Lugo. Serra además plantea que Venezuela tampoco cumple una serie de normas relativas a “cerca de 50 tratados negociados en el ámbito del bloque” que representan la “espina dorsal del Mercosur comercial” y que se tornan un “requisito indispensable”.


El día siguiente de la reunión en Montevideo la cancillería paraguaya, en sintonía con lo expresado por Brasil, “ratificó una vez más que el país que asuma la Presidencia Pro Témpore del Mercosur debe tener estabilidad interna, que le permita dedicarse a las reuniones que se realizan en el semestre, que son casi 200, y que además está el desafío con la Unión Europea.”


En síntesis, los dos países -y el apoyo tácito del gobierno argentino- esgrimen un conjunto de argumentos que buscan aislar a Venezuela del bloque e incluso revertir su incorporación.


Desde ya que existen posturas diferentes en toda la región respecto de la situación en Venezuela. Pero la puja interna dentro del Mercosur hay que verla en el contexto de una ofensiva política contra ese país que también impulsa Luis Almagro, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). Almagro hace muy poco redactó un documento pidiendo que se le aplique la llamada Cláusula Democrática a Venezuela sobre la base de las posturas y explicaciones de la oposición venezolana y no ha renunciado a su objetivo. En este contexto cuesta ver su reciente visita a Paraguay como un mero gesto protocolar.


El presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, por el contrario, ha rechazado abiertamente la postura de Almagro e insiste en que su país debe traspasarle la presidencia a Venezuela. La incorporación de Venezuela al Mercosur y la de Bolivia -que ya tiene voz pero no voto- fue parte de un momento en que la corriente progresista tenía la iniciativa política. Hoy la corriente liberal/conservadora se ha recuperado con el triunfo electoral de Mauricio Macri en la Argentina y el proceso de destitución en curso de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Y ambos países apoyan y sostienen abiertamente a la oposición en Venezuela. La disputa en América Latina está en curso y ahora está poniendo en peligro la continuidad del Mercosur.


[via NODAL]

Peligra el Mercosur – Análisis del director de NodalDerecho Internacional Público - www.dipublico.org

jueves, 14 de julio de 2016

China endurece su retórica pero ofrece diálogo tras el fallo en La Haya

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China endurece su retórica pero ofrece diálogo tras el fallo en La Haya


La Corte Permanente de Arbitraje falló el martes en favor de Filipinas en doce de quince puntos en la disputa territorial entre ambos países asiáticos y que Manila había llevado a la vía judicial hace tres años. El tribunal determinó que los territorios que reclama no generan derecho a zonas económicas exclusivas en ningún caso ni existe una base legal que permita adjudicarle derechos históricos.


La Corte Permanente de Arbitraje falló el martes en favor de Filipinas en doce de quince puntos en la disputa territorial entre ambos países asiáticos y que Manila había llevado a la vía judicial hace tres años. El tribunal determinó que los territorios que reclama no generan derecho a zonas económicas exclusivas en ningún caso ni existe una base legal que permita adjudicarle derechos históricos.


La sentencia representa un durísimo revés para China, que considera “parte inalienable” de su territorio casi el 90% del mar a su sur y sitúa estas reclamaciones entre sus mayores intereses estratégicos. En los últimos dos años ha redoblado el ritmo de construcción de islas artificiales que, según admite, tendrán un doble uso civil y militar. Esas aguas, que también se disputan Vietnam, Malasia, Taiwán y Brunéi, son ricas en recursos minerales, vitales para el flujo de comercio mundial y claves en la creciente rivalidad que mantiene con EE. UU. en la zona de Asia Pacífico.


El golpe no se reduce al ámbito de las relaciones exteriores. Jerome Cohen, experto en Derecho chino de la Universidad de Nueva York, ha escrito en su blog que “esta sentencia se sumará de modo significativo a los problemas internos de Xi Jinping. Fue una decisión desastrosa que China torciera la nariz ante la Convención de la ONU sobre la Ley del Mar (UNCLOS) aunque declarara respetarla, y este resultado ofrece a muchos miembros insatisfechos de las elites de Pekín combustible para la hoguera que están encendiendo bajo los pies” del presidente.


Por ello, China ha reaccionado con una retórica incendiaria. Debe demostrar a sus ciudadanos, que el martes y hoy miércoles llenaban las redes sociales de banderas chinas y mensajes patrióticos, que responde con firmeza a las presiones exteriores. Y, si es posible, quiere tratar de disuadir a otros países en la región que puedan verse tentados de seguir el ejemplo filipino.




En una rueda de prensa organizada por todo lo alto y retransmitida por televisión, el viceministro de Exteriores Liu Zhenmin utilizó este miércoles un lenguaje poco diplomático para describir al tribunal -“completamente falto de credibilidad”, aseguró- y dejar claro que China no piensa acatar una sentencia “que debería acabar en el cubo de basura”. Los cinco magistrados que fallaron contra Pekín por unanimidad, sostuvo, “cobraron por sus servicios de Filipinas y, posiblemente, de otros países”.


En línea con Liu se manifestaban los medios estatales chinos. El Diario del Pueblo, portavoz del Partido Comunista, insistía en que Pekín “adoptará todas las medidas necesarias para proteger su soberanía territorial y sus intereses y derechos marítimos”. Y el nacionalista “Global Times” advertía que, en caso de presión estadounidense, el pueblo chino apoyaría “firmemente a nuestro gobierno en el lanzamiento de un contragolpe de respuesta”.


El propio Liu no descartó que su país imponga, como ya hizo sobre las islas Diaoyu/Senkaku que se disputa con Japón, una zona militar de identificación aérea, o ADIZ. Su establecimiento obligaría a identificarse a cualquier aeronave, civil o militar, que la sobrevolara y, como en el caso de la disputa con Tokio, causaría una fuerte escalada de las tensiones. Es una iniciativa que los expertos no barajan como inmediata pero que no descartan si las fricciones van a más.


“China tiene el derecho a imponer una ADIZ”, declaró Liu. “Que lo haga dependerá del nivel en que nos veamos amenazados. Si nuestra seguridad se ve en peligro, desde luego tenemos el derecho de establecerla”.


En cualquier caso, parece que Pekín dejará las medidas más agresivas en la recámara por el momento. Aunque quiere evitar cualquier imagen de debilidad, también quiere proyectarse ante el mundo como un actor responsable en el sistema de gobernanza global.


Así, la rueda de prensa de Liu tenía como objetivo declarado presentar un libro blanco de 20.000 caracteres chinos para reabrir negociaciones con Filipinas. Una posibilidad a la que el nuevo presidente filipino, Rodrigo Duterte, se ha mostrado abierto desde que tomó posesión de su cargo hace dos semanas.


Filipinas, sostiene Pekín, puede recibir “beneficios tangibles”. “Sea sobre cooperación para la pesca, o en los recursos de gas y petróleo, China puede alcanzar acuerdos con los países vecinos en el mar del Sur de China”.


Eso sí, ha matizado el vice primer ministro, el principio de la negociación debe ser “el respeto a los hechos, la historia y el Derecho internacional… En ningún caso la sentencia de arbitraje servirá de base a las conversaciones, y esto nuestros amigos filipinos deberán tenerlo claro”.




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domingo, 10 de julio de 2016

NOTAS 1º PARCIAL – RECUPERATORIO - COMISIÓN “A” – 07/07/2016

























































































































Apellido y NombreNOTA
AFFLITTO, PAULA–
ALCUAZ, JIMENA–
ANGELETTI, AGUSTINA–
ANTONETTI,GABRIELA–
ASTARITA.MARIA AGUSTINA–
BALBÍN, MARIANA5
BARLETTA, FACUNDO4
BAULO NUÑEZ,MARIA LAURA4
BOJANOVICH, FEDERICO NATANAEL–
BORIES, SOLEDAD–
BRAMBILLA, ALEJANDRA5
CAR, MICAELA SABRINAAUSENTE
CASADO, IGNACIO AGUSTINAUSENTE
CASTELLANOS CARÚ, JUAN IGNACIO6
CASTILLO CIANCIO, CAMILA CLAUDIA–
DE VEGA, LUCIO ALFONSO–
DE ZORZI, FRANCO–
HERRERA, CARLA VICTORIA–
LAUDISI, GIULIANA–
LUCCA, ELBA ROMINA2
LUCHESSI, MARIA CATALINA7
MARTÍN, RODRIGO ANDRES–
PETROMILLI, CRISTIAN SEBASTIANAUSENTE
RESI, MARÍA CONSTANZA–
SICCARDI, PABLO MANUEL4
SOTÉS MARRÓN, MARIANO–
VIDAL, CAMILA ROSARIO–
ZITTI, CANDELARIA–
Los alumnos tendrán derecho a un coloquio final. Este coloquio será único para las tres comisiones y se efectuará el día fijado para la mesa de examen final correspondiente al mes de diciembre del año en curso.

 



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sábado, 9 de julio de 2016

Argentina, 200 años de convulsión

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Argentina, 200 años de convulsión


Argentina celebra este 9 de julio 200 años de historia como país independiente de España. Desde la firma de aquel documento emancipatorio en Tucumán, al norte, el país ha atravesado un complejo proceso de organización nacional muchas veces violento. La convulsión ha sido la tónica de un país rico que nunca fue tranquilo y fue dilapidando los años buenos entre dictaduras y crisis económicas. Ahora Argentina acaba de dar un nuevo giro de 180 grados y llega a este bicentenario con el primer gobierno no peronista ni radical de su historia democrática, encabezado por Mauricio Macri.


Este país tan particular y siempre enfrentado sobre todo entre peronistas y antiperonistas, celebra dividido la independencia pero reconciliado con España, tanto que el Rey Emérito, don Juan Carlos, participará en la ceremonia en Tucumán. Dos historiadores con visiones contrapuestas, Felipe Pigna, cercano al peronismo, y Luis Alberto Romero, muy alejado de ese movimiento, analizan para EL PAÍS estos primeros 200 años de independencia.


El modelo agropexportador impuesto por la élites de Buenos Aires, que en 1916 permitió al país ser la quinta economía mundial, se ha mantenido hasta nuestros días, pese a los intentos de industrialización iniciados en la década del 40 con Juan Domingo Perón.


Desde entonces, Argentina ha padecido ciclos de crisis económicas que han enterrado aquel destino de potencia mundial que hace poco más de 100 años parecía estar al alcance de la mano, cuando competía de igual a igual con EE UU. Hoy, el Producto Bruto Interno (PIB) argentino se encuentra 23 en la escala mundial, aunque es cierto que las políticas distributivas iniciadas a mediados del siglo pasado han mejorado notablemente los indicadores sociales, como muestra la infografía.


En el plano político, el tiempo parece haber enterrado para siempre a los gobiernos militares, aquellos que marcaron la historia del país en forma regular desde primer Golpe contra Hipólito Irigoyen, en 1930. La dictadura iniciada en 1976 fue la más violenta, pero también la última. El 10 de diciembre de este año, el país celebrará 33 años ininterrumpidos de gobiernos democráticos, el periodo más largo de su historia.


INFOGRAFIA




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Un militar y diplomático de la vieja guardia, nuevo líder del Frente Polisario

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Un militar y diplomático de la vieja guardia, nuevo líder del Frente Polisario



No hubo suspense. Días antes de celebrarse el congreso del Frente Polisario para designar al nuevo secretario general de la organización y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) se sabía que el hombre elegido y único candidato oficial era Brahim Gali, de 67 años, antiguo embajador del Frente en España (1999-2008) y en Argelia (2008-2015).


Tanto sus amigos como sus detractores marroquíes señalan que Gali pertenece al ala radical del Frente Polisario. Pero, en realidad, Gali es un hombre que siempre contó con la confianza de su antecesor, Mohamed Abdelaziz. Y aunque Abdelaziz declaró en varias ocasiones que estaba dispuesto a retomar las armas contra Marruecos, llevaba un cuarto de siglo comprometido con una solución diplomática para el conflicto. Y eso a pesar de que una parte de la juventud saharaui es partidaria de volver a la guerra.


Brahim Gali resultó elegido este sábado por el 93,19% de los votos emitidos por los 2.470 congresistas reunidos desde el viernes en el campo de refugiados de Dajla, situado en las proximidades de la ciudad argelina de Tinduf, según informó la agencia Efe. Cosechó 1.803 votos a favor y ninguno en contra. Hubo 538 abstenciones, 64 papeletas nulas y 65 en blanco.


Gali toma el relevo de Mohamed Abdelaziz, quien falleció el 31 de mayo en una clínica de Estados Unidos a causa de un cáncer de pulmón, después de mantenerse en el poder durante 40 años. Al igual que Abdelaziz, su sucesor fue miembro fundador del Frente Polisario. Su currículo oficial sostiene que nació en la localidad saharaui de Smara, que luchó contra los colonos españoles, participó en las manifestaciones del 16 de junio de 1970, que fue encarcelado durante un año en 1970 por sus actividades políticas y que fue ministro de Defensa (1976-1989), en plena guerra contra Marruecos (1975-1991).


Sus partidarios destacan la experiencia militar y diplomática, así como sus vínculos con España y Argelia, dos países clave en la resolución del conflicto. La prensa oficialista marroquí lo tacha como un simple títere de Argelia. El diario digital Le360 lo califica de “torturador”, “violador serial” de mujeres saharauis y miembro del “ala radical” del “movimiento separatista”.


En 2007 la Asociación Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos (ASADEDH) interpuso una querella criminal contra varios dirigentes del Frente Polisario entre los que se encontraba Brahim Gali, por actos de torturas, desapariciones, asesinatos y detenciones ilegales supuestamente cometidos entre 1976 y 1987 en los campamentos próximos a Tinduf. En 2013 el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz admitió la querella e imputó a Brahim Gali junto al entonces representante del Polisario en España, Mahjoub Lincoln, por presuntos delitos de genocidio y tortura contra la población saharaui disidente refugiada en los campamentos próximos a Tinduf.


Gali también fue denunciado en 2013 por la saharaui Jediyetu Mahmud Mohamed Zubeir, quien aseguró que sufrió “acoso, agresión sexual y violación por parte de Brahim Gali” cuando se presentó en Argel para solicitar al Polisario un visado para España.


El nuevo secretario general del Frente Polisario accede al puesto en el momento diplomático más delicado desde que se creara en 1991 la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) con el fin de preparar la celebración de un referéndum. El pasado abril, Marruecos expulsó de la ciudad saharaui de El Aaiún a 73 miembros civiles de la Minurso y la misión se quedó con solo 28 empleados civiles, sin medios para organizar el referéndum. A finales del mismo mes, el Consejo de Seguridad de la ONU, alentado por Estados Unidos, se pronunció sobre “la necesidad urgente de que la Minurso vuelva a funcionar a plena capacidad”. El Consejo otorgó un plazo de 90 días para que Marruecos vuelva a aceptar a todos los miembros de la misión. El plazo concluye a finales de este mes.



 




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Sudán del Sur celebra el quinto aniversario de su creación en un contexto de creciente violencia

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Sudán del Sur celebra el quinto aniversario de su creación en un contexto de creciente violencia



El sonido de disparos interrumpe una rueda de prensa del presidente de Sudán del Sur.


Este viernes, tras reunirse con el primer vicepresidente, Riek Machar, Salva Kiir se disponía a dirigirse a la nación en relación al último combate mortal en Yuba cuando comenzó un intenso tiroteo.


Según algunos testigos, los disparos provenían de Kololo, el complejo del palacio presidencial y algunas misiones diplomáticas.


Este enfrentamiento se inscribe en un contexto marcado por un aumento de la tensión en la capital del país.


El jueves cinco soldados perdían la vida en un tiroteo registrado en Yuba entre grupos opuestos del ejército.


Naciones Unidas ha pedido a los líderes sursudaneses que pongan fin a esta oleada de la violencia que pone en peligro el frágil acuerdo de paz alcanzado el pasado año en un país, Sudán del Sur, que hoy celebra el quinto aniversario de su independencia con cerca de la mitad de su población desplazada debido a la violencia.




[via euronews]


Sudán del Sur celebra el quinto aniversario de su creación en un contexto de creciente violenciaDerecho Internacional Público - www.dipublico.org

Etiopía y el despertar del león africano

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Etiopía y el despertar del león africano


En el infinito río Nilo, dentro de territorio etíope y a pocos kilómetros de la frontera sudanesa, se levanta una gigantesca mole de hormigón todavía inacabada. Un enorme muro que, en otro de tantos guiños a la particular relación que mantienen los países ribereños del Nilo y particularmente Etiopía, va a servir para domar al milenario río y a su vez dotar a los abisinios de grandes recursos frente al vecindario. Su nombre, Gran Presa Etíope del Renacimiento (Grand Ethiopian Renaissance Dam o GERD), no es casual.


A pesar de estar entre los países más pobres de África, Etiopía no oculta sus intenciones. Aunque el coste de construcción de la presa podría elevarse al 15% del PIB etíope, se trata de una infraestructura vital para la geopolítica futura del país. Etiopía, después de las hambrunas y las guerras vividas en los años ochenta y noventa del siglo pasado, ha pivotado a nivel político, económico y militar para postularse como potencia media en el oriente africano, algo que pasa irremediablemente por controlar las aguas y, de paso, la generación de energía, un recurso de incalculable valor en la región.


Hambre y orgullo


La suerte no es una palabra que se pueda aplicar con facilidad a la historia del continente africano. No abunda, y quienes la han disfrutado, a menudo por méritos propios, no han conseguido conservarla mucho tiempo. Como si fuese un recurso altamente escaso, encontrarla en la actualidad significa una nueva oportunidad de marcar la diferencia con los vecinos continentales.


Etiopía tuvo la carta afortunada varias veces en su mano y otras tantas le fue arrebatada. Reino milenario y parte fundamental de multitud de sucesos de la Edad Antigua y Media –desde, según la creencia, alojar el Arca de la Alianza en Aksum a acoger la primera hégira de Mahoma–, vivió notables épocas de esplendor hasta la llegada de los primeros europeos, que creyeron haber encontrado el legendario reino del Preste Juan. Sin embargo, el imperio etíope no era aquella utopía soñada por los reinos del Viejo Continente, y la evaporación del mito derivaría en que el reino abisinio fuese visto como otro de tantos territorios africanos. Así, el declive etíope sería inversamente proporcional al desembarco europeo en aquellas tierras. Sin embargo, quién sabe si por la mística historia del país –ortodoxo y con sus reyes proclamándose descendientes de Salomón– o por la enconada resistencia de sus habitantes a vivir subyugados a un poder que no fuese el de su monarca, lo cierto es que Etiopía consiguió esquivar siglo tras siglo la colonización europea.Mapa África 2


Con todo, el reino abisinio fue el único país junto con Liberia, un territorio comprado por Estados Unidos para los esclavos liberados, que para cuando África fue parcelada y repartida entre las potencias occidentales, conservó su independencia. Esta singularidad no les garantizaría la paz, ya que los italianos intentarían por partida doble expandir su “colección de desiertos” al territorio etíope, primero con una vergonzante derrota de las tropas transalpinas en Adua en 1896 y ya de manera definitiva en 1935, pasando Etiopía un año después a convertirse en colonia italiana. No obstante la ocupación sería breve, y el 1941 los británicos expulsaron a los italianos del este africano, recobrando así Haile Selassie, exiliado en Londres, su trono.


Sin embargo, en aquellas alturas de la película poco importaba ya ser independiente o no. La descolonización y el panafricanismo se extendían por todo el continente, y la Guerra Fría obligaba a pasar por el aro a cualquier país que asomase la cabeza en África, por las buenas o por las malas. La monarquía etíope procuró jugar, al menos nominalmente, a la equidistancia entre superpotencias, aunque Etiopía, como prácticamente todos aquellos países que se declararon “no alineados”, acabó de manera implícita sumida en una u otra órbita.


El emperador Haile Selassie emprendió en aquella etapa un viaje frustrado y torpe por el desarrollismo autocrático. El descendiente de Salomón procuró la mejora de la producción agraria, cierto nivel de industrialización y la modernización del país. Sin embargo, su divinidad no evitó que la nobleza local pusiese constantes frenos a sus reformas, permaneciendo de facto el país en un sistema semi-feudal, lo que unido a la extendida pobreza y los niveles de autoritarismo acabaron por sublevar a los eritreos del norte del país –integrados unilateralmente en Etiopía, cuando el camino legal les abocaba a una federación– y al descontento de la pequeña clase estudiantil e intelectual, con notable influencias marxistas provenientes de la URSS.


Así, a principios de los sesenta se iniciaría una guerra de tres décadas entre Etiopía y Eritrea por la independencia de esta última, algo que vino a agravar la ya de por sí delicada situación del país etíope. Por si esto fuera poco, a mediados de los setenta se produjo una notable sequía que derivó en hambruna, con decenas de miles de muertos y otros tantos desplazados. Para 1974 la situación del país era tan insostenible que un grupo de oficiales decidió dar un golpe de estado y deponer a Haile Selassie. Sin embargo, Etiopía todavía no había tocado fondo. El nuevo gobierno, el Derg, una junta militar de clara inspiración comunista, mantendría el nivel de autoritarismo del régimen anterior, y el brusco giro económico que impusieron en el país, con nacionalizaciones de sectores y tierras, acabó por desajustar completamente un país que pendía de un fino hilo. Así, la situación de Etiopía empeoró todavía más en la década siguiente mientras la guerra con Eritrea continuaba, se iniciaba otro conflicto con Somalia y se producía una sequía atroz, esta vez con cerca de un millón de muertos como balance.


Con todo, el gobierno del Derg y su tristemente célebre presidente, Mengistu Haile Mariam, encararon los años noventa con las riendas de uno de los país más devastados y empobrecidos del mundo. Por el evidente malestar que esta situación generaba, Mengitsu, cuyo personalismo había ensombrecido totalmente al Derg, basculó entre las reformas cosméticas y las de calado, en un intento por ganar tiempo y a la vez abrir el país ante unas demandas que cada vez eran más clamorosas. Sin embargo, el juego de Mengitsu terminó en 1991 al mismo tiempo que el padrino soviético se desgajaba. En aquel año, un golpe de estado motivó la salida de Mengitsu, que acabó exiliado en Zimbabwe, y el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE) se hizo con el poder de manera simultánea al Frente Popular de Liberación de Eritrea (FPLE), que hizo lo propio en el vecino del norte. Así se consumó la independencia eritrea, confirmada en 1993 por un referéndum que todas las partes aceptaron.


El faro del oriente africano


Hace ya un cuarto de siglo que Etiopía se abrió a una nueva etapa. Muchos de los problemas que afectan al país, como la pobreza, las sequías, las tensiones étnicas o las amenazas procedentes de otros países no han sido solucionadas, aunque el FDRPE, la coalición gobernante y hegemónica desde el 91, ha sabido marcarle un camino a Etiopía que apunta hacia un futuro más próspero.


Tan firmes son los pasos de Etiopía que para el año 2025 se han propuesto alcanzar el perfil de país de ingreso medio-bajo, lo que significaría un avance sustancial. De hecho, las cifras de crecimiento en los últimos años son envidiables, con un promedio del 11% anual entre el año 2004 y el 2014 según los datos del Banco Mundial. Sea como fuere, su “engrandecimiento” no es una cuestión simplemente económica. El crecimiento, a fin de cuentas, es poco más que la base sobre la que construir un país. Sin embargo, la visión de sí mismos como nación, tanto por su pasado como por sus valores y su potencial, hace necesario que Etiopía no pueda ser considerada simplemente como una “economía emergente”. Su meta es ser una potencia regional. La potencia regional del África oriental.


El crecimiento económico durante los primeros 15 años del siglo XXI. Etiopía es uno de los países a la cabeza en el continente. Fuente: The Economist
El crecimiento económico durante los primeros 15 años del siglo XXI. Etiopía es uno de los países a la cabeza en el continente. Fuente: The Economist

Uno de los principales artífices de este resurgimiento etíope es sin duda Meles Zenawi. Fallecido en 2012, gobernó el país desde el año 1991, y aun siendo un marxista convencido, no cayó en las intransigencias del Derg, mostrándose como un líder capaz y abierto a lo que el mundo pedía y podía ofrecerle a Etiopía. No es casualidad por tanto que el interés que a Zenawi le suscitaban los modelos económicos y de desarrollo de Corea del Sur y China encontrasen una aplicación en su país. Crecimiento guiado por una mano firme y fuerte; su mano y la del FDRPE.


Y es que este desarrollismo “a la etíope” es más que crecer por crecer. De hecho Etiopía ha conseguido las notables cifras de crecimiento tanto por la relegada posición de la que partía como por tener un plan ordenado y estable, además de socios que complementen llevarlo a cabo. Igualmente, el hecho de carecer de recursos naturales de tipo energético o mineral puede verse simultáneamente como una maldición y una bendición, pero lo único cierto es que ha obligado al país a cimentar su desarrollo en la agricultura y una progresiva industrialización. Economía real a fin de cuentas.


Del mismo modo, en esta concepción del auge de Etiopía, otro pilar fundamental son las infraestructuras. El gobierno socialista basa buena parte del desarrollo del país en vertebrarlo construyendo carreteras, vías férreas, presas hidroeléctricas, campos de molinos eólicos y otro sinfín de edificaciones y proyectos que permitan al país etíope ganar en competitividad y facilitar que cada vez más habitantes mejoren su calidad de vida.


Y es que este aspecto es precisamente una de las claves futuras del país: por un lado las gigantescas inversiones que acomete Addis Abeba atraen capital extranjero, principalmente chino pero también estadounidense o francés, haciendo del país un destino sugerente para estados relevantes. De igual manera, invertir masivamente en infraestructuras energéticas, caso de grandes presas como la GERD, los inmensos campos eólicos o la energía solar está facilitando que el país etíope roce la independencia energética y a su vez los excedentes puedan ser vendidos a países vecinos, obteniendo importantes réditos económicos y a su vez generando dependencias de tipo energético a su favor con estos. Con ayuda de China, Etiopía se ha apresurado a establecer conexiones de tendido eléctrico con Yibuti, Sudán o Kenia, y extender sus redes hasta Tanzania o Sudán del Sur es el próximo paso, lo que evidentemente va a redundar en una mejora del posicionamiento geopolítico etíope en la región.


Para ampliar: “Ethiopia: Underestimated Regional Power”, South African Institute of International Affairs, 2012


Como es de esperar, semejante salto adelante un país de estas características no puede acometerlo de manera autárquica, y Etiopía, una vez más, ha sabido jugar sus cartas para con los países relevantes del globo, ofreciéndole a cada uno lo que más le podía interesar en cada momento y sin comprometer la independencia del país. En la guerra que enfrentó a los etíopes con Eritrea entre 1998 y el 2000, las carencias militares de los abisinios les obligaron a llevar a cabo una profunda modernización del ejército, que quedó listo para servir de apoyo a los Estados Unidos a partir de 2001 en su “Guerra contra el Terror”, especialmente en Somalia. Así, a partir de aquellos años y vigilados de cerca por los norteamericanos desde su base de Yibuti, los etíopes han sido fundamentales en la seguridad del Cuerno de África, especialmente en la lucha contra los señores de la guerra y los grupos y facciones yihadistas que han proliferado en Somalia.


Afinidades o conveniencias aparte –Etiopía nunca ha renegado de Estados Unidos o del Fondo Monetario Internacional–, lo cierto es que el compromiso etíope con la estabilidad africana es cuanto menos que amplio. Ya en los tiempos de Haile Selassie el país era abiertamente panafricanista y el concepto de la “africanidad” política está fuertemente arraigado en la población y la clase dirigente. No es casual por tanto que la Unión Africana, antes Organización de Estados Africanos, haya mantenido la sede en Addis Abeba, y del mismo modo sea Etiopía el país que actualmente más tropas aporta a las misiones de paz en el continente, ya sean auspiciadas por la ONU o por la Unión Africana. Sin convertirse en un apagafuegos africano, Etiopía ha sido el sostén de la misión en Somalia contra Al-Shabab para apuntalar al frágil gobierno somalí y también en la frontera entre los dos sudanes, tanto en la región de Darfur como en la controvertida zona fronteriza de Abyei. Así, en contraste con otras potencias africanas menos implicadas con las misiones de mantenimiento de la paz, Etiopía parece haber apostado buena parte de su reputación continental a ser vista como una potencia responsable y comprometida para con los asuntos africanos; intervencionista pero siempre bajo la legalidad internacional y la legitimidad de la UA o la ONU.


La ONU y la UA desarrollan diversas misiones de paz en África. Etiopía participa en la mayoría de ellas.
La ONU y la UA desarrollan diversas misiones de paz en África. Etiopía participa en la mayoría de ellas.

No conviene tampoco pensar que todo esto se produce en una situación interna de armonía. El FDRPE tiene su red extendida por todo el país, y el dominio de la vida política, desde la cúspide hasta la base de la pirámide, es absoluta. Poco o nada se mueve en Etiopía a nivel político sin que algún tentáculo de la coalición gobernante esté al tanto. Este nivel de dirigismo y control ha facilitado que el país vaya exactamente en la dirección que el aparato gubernamental desea, pero del mismo modo ha impuesto unas limitaciones más que severas a la proliferación de libertades y disensiones políticas.


Sin embargo, también cabe destacar que la oposición al régimen etíope es bastante limitada, tanto por no existir un rechazo generalizado entre la población –al fin y al cabo las cosas van bien en Etiopía, o al menos bastante mejor que con el Derg  y el último emperador– como por la incapacidad de la oposición de organizarse –en parte por la persecución gubernamental–, marcar un discurso deslegitimador del FDRPE y tener unos resultados electorales contundentes –aunque la coacción electoral del partido gobernante es habitual entre el campesinado cuando se acercan los comicios–.


Las fracturas del nuevo imperio


El hecho de que Etiopía lleve una línea claramente ascendente no implica que ese largo camino esté plagado de retos y, en parte, de responsabilidades para con la región del Cuerno de África dadas las grandes diferencias que se van a empezar a dar durante los próximos años respecto de sus vecinos. Del mismo modo, el enorme avance económico que está protagonizando y seguirá protagonizando el país provocará que a nivel interno las demandas y necesidades cambien, y de su adecuada respuesta depende la correcta marcha de este o, caso contrario, en un aumento de la inestabilidad social, política y retos de tipo territorial e incluso ambiental.


A futuro, una de las cuestiones más relevantes y a la vez más acuciantes para el país es la explosión demográfica –algo aplicable prácticamente a la totalidad del África subsahariana–. A día de hoy viven en el país en torno a 97 millones de personas, siendo este el segundo estado más poblado de África, sólo por detrás de Nigeria. De igual manera, el número de hijos por mujer ronda todavía hoy los 4,5 puntos, lo que hace que Etiopía aún esté lejos de haber completado una transición demográfica que estabilice la cantidad de habitantes, lo que presumiblemente debería ocurrir a partir de ese horizonte de 2025 cuando el país haya alcanzado cierta solidez económica. Con todo, las estimaciones apuntan a que para el año 2040 Etiopía de cobijo a 170 millones de personas.


Y es que la cuestión demográfica, si bien es positiva en tanto en cuanto facilita recursos humanos al país y mantiene un equilibrio generacional, en muchos otros aspectos obliga a correr contrarreloj. A nivel económico los ritmos de crecimiento han de ser muy altos, de lo contrario el aumento poblacional “se come” buena parte del desarrollo económico. India es el ejemplo más paradigmático de esta situación, y Etiopía, si bien no seguiría los pasos del país del Ganges, sí podría experimentar síntomas similares. Esta problemática además bien se puede extender a otras cuestiones, como las infraestructuras, la capacidad energética, la situación sanitaria o la educativa. Es por ello que un aumento poblacional tan importante es un considerable reto para un país que si bien crece con fuerza, proviene de una situación muy precaria en muchos ámbitos.


Las tierras y los recursos agrícolas, oportunidad y potencial fuente de conflictos para Etiopía. Fuente: Visionscarto
Las tierras y los recursos agrícolas, oportunidad y potencial fuente de conflictos para Etiopía. Fuente: Visionscarto

De igual manera, los rápidos cambios ocurridos durante todos estos años anteriores ya empiezan a dejarse ver en la esfera política. El lento pero continuo avance del nivel educativo, también del económico, y el progresivo acceso a las tecnologías de la información están provocando un cuestionamiento del estamento político, lo que irremediablemente redundará en la legitimidad del FDRPE y su papel monolítico en la sociedad etíope.


A nivel externo parece ya evidente el rol hegemónico que parece haber tomado Etiopía en el este de África, también por la enorme debilidad de los países vecinos y por una Kenia que no termina de encontrar el rumbo, lastrada por la inestabilidad política y los zarpazos de Al-Shabab. Sea como fuere, y sin menospreciar a otros líderes regionales africanos, Etiopía tiene a su alrededor la situación más complicada del continente. Hacia el este, una Somalia fallida cuyo gobierno oficial apenas llega más allá de Mogadiscio, carcomido por los distintos señores de la guerra y más recientemente por el yihadismo, siendo además este último una amenaza transnacional de primer nivel tanto para Kenia como para Etiopía.


Hacia el norte, su vecino eritreo sigue siendo foco de tensión. Aunque las relaciones han mejorado desde la guerra de finales del siglo pasado, lo cierto es que las rencillas históricas, una frontera discutida y la conveniencia de ambos países de mantener las ascuas provoca que no se pueda considerar este un escenario pacificado. Del mismo modo Etiopía mantiene en los últimos años una fuerte presión diplomática y económica sobre Eritrea en un claro intento por provocar el colapso de este régimen. Si esto llegase a ocurrir, Etiopía debería prepararse tanto para un conflicto armado como para una migración masiva de eritreos, lo que siempre es foco de inestabilidad.


Para ampliar: “Eritrea and Ethiopia: Beyond the Impasse”, Chatham House, 2014


Algo similar podría ocurrir en la parte occidental del país. Limítrofe con Sudán del Sur, desde la independencia de este país en 2011, Etiopía se ha cuidado de mantener relaciones equidistantes con sucedido y sucesor tanto para no generar una sensación de desequilibrio como para mantener la puerta abierta hacia ambos países, necesarios por diversos motivos para el estado etíope. Sin embargo, desde su independencia, la situación de Sudán del Sur es cuanto menos que frágil. Pobre, políticamente inestable y con problemas de índole humanitaria como es Darfur, el miedo etíope a que todo el país se desestabilice está más que fundado.


De igual manera tampoco conviene olvidar los problemas que históricamente ha causado el río Nilo. Sudán, pero sobre todo Egipto, miran con recelo la nueva y gigantesca presa etíope. Bien es cierto que se han producido algunos arreglos entre el país del curso bajo y el país del curso alto que apuntan a una notable relajación de las tensiones, pero ni mucho menos es algo que despeje cualquier posibilidad de conflicto. Bien por la producción de electricidad, el agua utilizada para labores de irrigación –un problema habitual en Asia Central, por ejemplo– o como simple maniobra política si Etiopía quisiese presionar a Egipto en otro frente, el frente noroeste no queda apaciguado para los etíopes.


El entorno de una evidente potencia regional
El entorno de una evidente potencia regional

Para ampliar: “Geopolítica del Nilo: la guerra por el trono del faraón”, Daniel Rosselló en El Orden Mundial


Y es que la geopolítica etíope no debe verse únicamente desde una securitización a la vieja usanza. Precisamente fue en Etiopía a raíz de las hambrunas de los ochenta cuando se tomó conciencia de la importancia de la seguridad alimentaria, y como es de esperar esta relevancia no ha desaparecido del país. A día de hoy las sequías y por extensión las hambrunas siguen siendo una amenaza de primer orden para Addis Abeba, lo que obliga al gobierno etíope a darle una solución integral y en el largo plazo, rozando prácticamente el cueste lo que cueste.


Tampoco es acertado pensar que Etiopía vive asediada por tremendas amenazas. Al fin y al cabo qué estado africano no tiene una buena lista de problemas a sus espaldas. En este reparto, Etiopía no es ni mucho menos de los peor parados, especialmente gracias a su fortaleza del Estado y la ausencia de disparidades interiores de tipo económico o étnico que motiven la inestabilidad.


De igual forma, las oportunidades para este país son numerosas. Ya hemos comentado, por ejemplo, las dependencias que está generando a su favor con los vecinos, especialmente en el plano energético. Más allá de esto, Etiopía es consciente de que necesita explotar una salida al mar sólo posible por dos puntos: vía Yibuti, el diminuto pero relevante estado a su oriente o Somalilandia, el estado de facto escindido de Somalia hace un cuarto de siglo. En relación a estos dos estados, Yibuti también necesita de Etiopía en tanto en cuanto su valor es como punto logístico y comercial, necesitando de un gran socio económico que canalice su comercio a través de su puerto. Igualmente, Etiopía, como estado legitimado en la zona y con poder en la Unión Africana, podría tener en su mano un futuro reconocimiento de Somalilandia, algo a lo que la organización africana se resiste por su concepción sacra de las fronteras coloniales.


Quizás por todo ello ha llegado el momento que el milenario imperio esperaba, una época en la que los etíopes sean dueños de su presente y de su futuro. El milagro más evidente de lo que será el siglo de África. Así arranca la andadura del león africano, y en vista de sus capacidades, no ha hecho más que comenzar.


Recomendamos: “Power and influence in Africa: Algeria, Egypt, Ethiopia, Nigeria and South Africa”, Institute for Security Studies, 2015.


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La falta de tribunales y la incertidumbre del derecho internacional en el Informe Chilcot

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La falta de tribunales y la incertidumbre del derecho internacional en el Informe Chilcot


El Informe sobre Iraq de Sir John Chilcot, publicado esta mañana, expresa una crítica fortísima de las política del Reino Unido frente a la guerra de Iraq y su desarrollo. No se trata de un tribunal de justicia, por lo que el Informe no expresa una conclusión jurídica sobre la legalidad o ilegalidad del uso de la fuerza empleado contra Iraq. Sin embargo, sus investigaciones contienen datos pormenorizados sobre el asesoramiento jurídico en cada etapa de la controversia y datos relativos a elementos esenciales para juzgar las decisiones políticas desde una perspectiva jurídica, como es el caso de la falta de pruebas concluyentes sobre la existencia de armas de destrucción masivas o la falta de justificación del uso de la fuerza como último recurso.


Los análisis sobre estas y otras cuestiones jurídicas y políticas del Informe se multiplicarán a partir de hoy. Es un informe muy largo, y yo, por interés profesional, he empezado por la parte la parte relativa al asesoramiento legal sobre la base jurídica para el uso de la fuerza, que tiene nada menos que 169 páginas. Las posiciones legales relativas a la interpretación de la Resolución 1441 (2002), adoptada por el Consejo de Seguridad el 8 de noviembre de 2002, son bien conocidas y han sido discutidas con detalle y profundidad. En el Informe se describen de forma pormenorizada. No es mi intención ahora volver a discutir esos argumentos, sino destacar un tema que me parece de la mayor importancia: la supuesta incertidumbre del Derecho internacional y la falta de tribunales internacionales como elemento fundamental para justificar un cierto tipo de decisiones respecto de la obediencia del derecho.


En efecto, ante la afirmación del Ministro Straw alegando que “el derecho internacional era un campo incierto y que no existía una corte internacional para decidir las materias”, la comisión de investigación preguntó a varios testigos cuál era su postura sobre ese particular.


La respuesta de Sir Michael Wood, entonces Asesor Jurídico del FCO, es ejemplar por su contenido y sus consecuencias. En el párrafo 391 del Informe, Sir Michael Wood responde a la comisión de investigación que



“… [Straw] está de alguna manera dando a entender que uno puede por tanto ser más flexible, y yo pienso que es probablemente lo contrario del caso… porque no existe una corte, el Asesor Jurídico y quienes toman decisiones basadas en asesoramiento jurídico deben ser aún más escrupulosos en su adhesión al derecho… Una cosa es un abogado diga, ‘Bueno, aquí hay un argumento. Inténtelo. Una corte, un juez, decidirán al final’. Es muy diferente en el sistema internacional donde ese no es usualmente el caso. Uno tiene un deber hacia el derecho, un deber hacia el sistema. Uno está estableciendo precedentes por el sólo hecho de decir y hacer cosas.” (Esta traducción y las siguientes son propias)



La Sra. Wilmshurst, entonces miembro de la Asesoría Jurídica del FOC, respondió que la falta de tribunales ‘obligaba a uno a ser más cauto sobre la obediencia al derecho, no menos’ (párrafo 392).


En relación con la incertidumbre, Lord Goldsmith dijo que no estaba de acuerdo con Straw sobre la incertidumbre: “Obviamente hay áreas del derecho internacional que son inciertas, pero en este caso particular, al final del día, la cuestión era: qué significa está resolución?” (párrafo 393)


Estas ideas indican que, por un lado, la falta de tribunales refuerza la obligación de tomar decisiones que estén de acuerdo con las normas jurídicas y que, por otro lado, la incertidumbre no es sinónimo de derecho internacional.





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lunes, 4 de julio de 2016

Muere el Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel

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Muere el Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel


El Museo del Holocausto de Jerusalén confirmó este sábado (02.07.2016) la muerte de Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz en 1986 y superviviente de los campos nazis. El escritor, autor de más de una treintena de ensayos y novelas, era una figura del judaísmo y perdió la vida a los 87 años en Estados Unidos. Había nacido en una localidad húngara que hoy está en Rumania, y desde 1963 era ciudadano estadounidense.


El centro mundial de conmemoración “Yad Vashem lamenta la muerte del sobreviviente del Holocausto Elie Wiesel, ganador del Nobel y reconocido escritor”, manifestó el museo a través de su cuenta de Twitter. Nacido en 1928, Wiesel escribió mucho durante su cautiverio en campos de concentración del nazismo, donde tuvo que vivir los horrores de Auschwitz y Buchenwald.


Considerado “un hijo del genocidio”, cuando contaba 15 años fue deportado junto con su familia al campo de concentración de Auschwitz, donde murieron su madre y la menor de sus tres hermanas, antes de ser trasladado al campo de Buchenwald (este de Alemania) donde falleció su padre. Cuando finalizó la guerra, Wiesel cursó estudios en la Universidad de París y después trabajó como periodista. A partir de 1976 ejerció como profesor en la Universidad de Boston (Estados Unidos).


“Un maestro”


El Congreso Mundial Judío recordó a Wiesel como un autor que “como ningún otro escritor” supo despertar las conciencias sobre los horrores del holocausto judío. “Elie Wiesel era más que un escritor venerado. También fue un maestro para muchos de nosotros”, afirmó en un comunicado Ronald S. Lauder, presidente del Congreso Mundial Judío, que tiene su sede en Nueva York.


Lauder recordó que aunque Wiesel era un “hombre de voz suave, su mensaje fue claro y directo”. “Cuando hablaba, tenía algo que decir, y la gente lo escuchaba”, agregó Lauder, que enfatizó que el autor no solo describió las atrocidades sufridas por su pueblo, sino también matanzas como las de Ruanda o de la antigua Yugoslavia.


Entre sus publicaciones más destacadas se encontraba su famosa “Trilogía de la noche” que escribió en varios años sobre sus experiencias en los campos de concentración y que incluyen: “La noche” (1958, traducida a varios idiomas), “El alba” (1960) y “El día” (1961). El primer volumen de sus memorias, “Todos los ríos van al mar”, se publicó en Nueva York en 1995 y el segundo “Y el mar nunca se llena”, en 1999.


DZC (EFE, dpa, Reuters)




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